Crueldad entre comillas.

Cruel indicio hay escondido en las comillas.

Porque en ellas se comienza

y hasta ellas no se termina.

Una vez escritas,

su dueño queda preso y sin salida,

pues ya no tiene otro destino,

que satisfacer su cometido.

Como juicio oral y escrito,

cuyo crimen es desconocido

ruega por libre albedrio.

Egocentrismo de por medio,

las comillas esperan con esmero

que su contenido sea del bueno.

Indagando van ansiosas las palabras,

esperando a su vecina.

Porque no hay quien adivine

lo que la próxima escriba.

Cuantas historias derramadas,

en este cruel conteo,

pero siempre bien diferenciadas,

por lo que dice su dueño.

Fuerte tensión de escritores,

la de contar algo inédito,

no vaya a ser que se diga

lo que otros ya han escrito.

Así comienza la danza,

y se termina la historia,

marcando la última parte,

ya se acerca la melliza.

Por allá lejos descansa su hermana,

aquella mala enemiga,

la villana empedernida

es ella, la primera comilla.

Y el escritor sonríe perplejo,

al trazar la segunda comilla,

porque a pesar del desafío

tiene a su obra concluida.

Y no le queda más que verla,

a su hija, a su niña.

Cuanta crueldad hay entre comillas,

porque uno puede no escribirlas,

y cuanto nervio se ahorraría.

Pero al trazar la primera rayita,

no tiene más que concluirla.

¡Ay! Cuanta crueldad entre comillas.

2 comentarios en “Crueldad entre comillas.

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